El Real Automóvil Club de España (RACE) afronta mañana con los ánimos encendidos una asamblea extraordinaria que puede marcar su futuro. Los cerca de 17.000 socios han sido convocados para decidir si aprueban o rechazan la nueva estructura del centenario club creado en 1903, consistente en la escisión en dos asociaciones y la venta del grupo de empresas.
La primera de ellas, bajo el paraguas del Real Automóvil Club de España, acogería el complejo deportivo, el circuito del Jarama y la fundación, y se encargaría de gestionar los ingresos derivados de la venta del grupo empresarial. La segunda, denominada RACE Club del Automóvil, agruparía al Autoclub, seguridad vial, el 5 por ciento del capital de la compañía europea ARC y el 51 por ciento de RACE Asistencia (Rasisa).
El equipo directivo que lidera el presidente de la entidad, Ramón García-Moliner, quiere desprenderse de las sociedades Asegurace (seguros), Unacsa (correduría) y el 49 por ciento del capital de Rasisa, activos por los que espera obtener un mínimo de 50 millones de euros. El despacho de abogados Cuatrecasas se ha encargado de todos los detalles jurídicos de la operación, fiscalmente neutra para los socios, mientras que el banco de inversión N+1 es el responsable de buscar un comprador antes de 2012.
Como recuerda Guillermo Kessler, director general del RACE, el proyecto de segregación del ocio y el negocio no es nuevo, porque ya se planteó sin éxito junto a Repsol durante la presidencia de Fernando Falcó, a comienzos de la década de los noventa.







