El modelo actual de transporte en el entorno urbano comporta una serie de impactos a nivel ambiental, de congestión, ruido y no podemos olvidar los accidentes de tráfico.
En España en zona urbana se registraron un total de 49.330 accidentes con víctimas en el año 2008, de los cuales fallecieron 634 personas y el grupo más afectado fue el de mayores de 65 años con 165 muertos, seguidos de la población joven de 15 a 24 años con 130 fallecidos2.
Debido al gran número de desplazamientos que se realizan diariamente en el medio urbano, la ciudad presenta un riesgo elevado de ser el escenario para sufrir accidentes de tráfico, en un entorno físico que no es el adecuado. Para conseguir una reducción de los accidentes de tráfico en vía urbana, es preciso plantear retos de una nueva movilidad, donde el ciudadano y el peatón sean el objetivo prioritario de una nueva jerarquía de uso del espacio público y las acciones de cambios en el tráfico sean fruto de una planificación adecuada.
Desde hace unos pocos años se está generalizando en las zonas urbanas la creación de zonas 30, pero debemos evitar que se conviertan en una calle sólo con una limitación de velocidad. Se deben utilizar las herramientas de mejora de la seguridad con planificación y sin desvirtuar sus conceptos iniciales. Una zona 30 es una sección o grupo de calles con una circulación homogénea, con unas características urbanísticas diferenciadas y donde la convivencia y un tráfico tranquilo de residentes sean los objetivos.
Es el momento de que en España se pase a definir los objetivos comunes de seguridad vial urbana, a través de normas específicas o adaptando la actual normativa pensada y dictada con criterios viarios de carretera y además trabajar con procedimientos y metodologías consensuadas que nos permitan un análisis de los problemas de la seguridad vial y unas pautas de actuación que nos lleven a una reducción eficaz y efectiva de los fallecidos en nuestras ciudades.







